1º Mención de Honor en el Certamen de Invierno de “La Hora del Cuento” categoría Cuento o Relato Corto – 2017

Campechana, regordeta, ingenua. Vine a festejar los noventa, aniversario de mamá Rosa. Me tuvo en su falda cuando era pequeña, no podía faltar a la cita, luego se fue de mi pueblo, pero siempre la recordé con cariño, quizá por las historias que me contaba o por sus muchos mimos.
Mi madre me abandonó y ella suplió esa ausencia, le conté todos mis miedos, dudas, secretos, porque sabía que los guardaba celosamente.
En su fiesta conocí a Basualdo López, hombre cuarentón, buen mozo, porte atlético, yo dieciséis recién cumplidos, lo vi y morí por él. Él se dio vuelta y me castigó con la mirada. Era mi verbo fileteado, pensé que me lo iba a comer de a trocitos. ¡Grave error!
Basualdo López, era grosero y soberbio, caían en sus brazos todas las mujeres, eso hacía que su ego creciera, pero nada de eso me importaba, vino a mí, arrasó con mi virginidad, aprendí todo, fue mi maestro.
Luego de un tiempo me alquiló un pequeño departamento, desde ese momento ya se creyó amo y señor de mi persona. Todo cambió, comenzó a mostrarse como el mismísimo diablo, era un objeto, un juego sexual, no se comprometía con nadie y yo que me creía elegida, era igual a todas.
Vivía sola cerrada en una pieza. Cuando venía se mostraba déspota, cruel e incluso violento, muchas veces intentó golpearme. Al principio no me dolían sus desprecios, lo amaba demasiado, pero mamá Rosa me pidió que reflexionara, no estaba pasándola bien, mi vida era un horror.
Comenzó en mí un sentimiento de rechazo, me di cuenta que era una mujer consagrada a dar culto a sus defectos y ultrajes y de un momento a otro, sentí bronca. Lo veía llegar y sabía que venía a satisfacer sus instintos, me decía que era la mejor hembra que había pasado por su vida. Me voy a vengar dije y me preparé, además él no sabía nada de mi vida y si iba a mamá Rosa, ella era una tumba.
Lo esperé con un puñado de pimienta molido, cuando estaba listo para consumarse el acto lo tomé con las dos manos del pene y se lo llené de pimienta y también los ojos, chillaba como un mono. Me tiró una piña, no me alcanzó, salí de lado y comencé a correr alzando el bolso preparado con anterioridad. Nunca pensé que escaparía de sus garras. Basualdo López, estoy en paz y en Loma Blanca, mi pueblo.

Por Felippa Pogonza
(Rafaela, Santa Fe, Argentina)